El seis de enero marca, para muchos venezolanos, el último suspiro de la Navidad.
Es el día en que los adornos comienzan a guardarse, las luces se apagan lentamente y la rutina vuelve a asomarse por la puerta, pero todavía queda una chispa de celebración. Es el Día de Reyes, esa tradición que une la fe, la infancia y el sabor.
Aunque en Venezuela no se celebra con la misma intensidad que en otros países, el espíritu sigue vivo en muchos hogares, sobre todo en los que mantienen la costumbre de preparar algo dulce, abrir el último regalo o compartir un desayuno especial en familia.
Desde temprano, la cocina vuelve a oler a hogar. El aroma del café recién colado se mezcla con el de panes calientes, tortas o bollitos.
En muchas casas, se hace pan dulce con frutas confitadas, símbolo de los regalos que los Reyes llevaron al Niño Jesús. En otras, se preparan arepas dulces con papelón y anís, acompañadas con queso blanco o mantequilla fresca.
Hay quienes aprovechan el último trozo de dulce de lechosa, los restos del ponche crema o los cachitos que sobraron de las fiestas.
No importa el menú exacto: lo importante es que el seis de enero todavía se come con cariño, como si fuera un eco de la Nochebuena.
UN DÍA PARA LOS NIÑOS Y PARA EL ALMA
El Día de Reyes, aunque hoy parece un recuerdo en muchas ciudades, fue durante generaciones una de las celebraciones más esperadas por los niños venezolanos.
Antes de que la figura de Santa Claus se hiciera popular, eran los Reyes Magos quienes dejaban los regalos.
En la noche del cinco de enero, los pequeños colocaban sus zapatos limpios junto a la puerta y dejaban agua y pasto para los camellos, esperando que Melchor, Gaspar y Baltasar pasaran mientras dormían.
En la mañana del seis, el ritual era abrir los obsequios, correr por la casa con una sonrisa y compartir ese desayuno que sabía a magia.
Con el paso del tiempo, la tradición fue cambiando, pero en muchos hogares se conserva el espíritu: algún detalle para los más pequeños, un desayuno compartido, un gesto simbólico que recuerde que todavía hay espacio para la ilusión.
En los Andes venezolanos, por ejemplo, todavía se organizan misas de Reyes con cantos y procesiones, donde el pueblo se reúne a despedir formalmente la Navidad. En los llanos y el oriente, las familias aprovechan para una última reunión antes del regreso a la rutina: se comparte un almuerzo ligero, se escucha música y se agradece por lo vivido durante las fiestas.

EL SABOR DE LA DESPEDIDA
La gastronomía del seis de enero tiene un encanto distinto: combina la nostalgia con la sencillez.
En muchos hogares, el almuerzo es más simbólico que elaborado, pero está lleno de sabor y afecto.
Un pernil horneado recalentado, unas hallacas que sobrevivieron al 31, una ensalada fría, o una torta de pan hecha con los restos del pan dulce y el papelón. Todo se recicla, todo se transforma, porque lo importante no es la cantidad sino el acto de compartir.
En algunos hogares, se prepara una versión criolla de la rosca de Reyes, ese pan redondo que en otros países se come para celebrar el día.
Aquí se hace con masa de pan dulce, rellena de guayaba o papelón, y decorada con frutas secas o confitadas. Al cortarla, se comparte entre todos, acompañada con café o con ponche crema frío.
Esa mezcla entre lo local y lo heredado define muy bien el espíritu de la cocina venezolana: una tradición que siempre se reinventa sin perder su alma.
REYES, CAFÉ Y NUEVOS COMIENZOS
El Día de Reyes también simboliza el cierre definitivo de la temporada decembrina y el comienzo real del nuevo año. Por eso, en muchas casas se aprovecha el desayuno o el almuerzo para hablar de planes, metas y proyectos.
Las promesas se acompañan con una taza de café fuerte y el deseo de empezar con buen pie.
En los negocios, es el día de retomar el ritmo; en los hogares, el día de ordenar; y en el corazón, el momento de agradecer por lo vivido y preparar el terreno para lo que viene.
Hay algo profundamente esperanzador en esa calma del seis de enero.
Después de semanas de ruido, comida abundante y celebraciones, el cuerpo pide pausa, pero el alma sigue encendida. Y qué mejor manera de mantenerla viva que con una mesa servida, aunque sea sencilla, y el recordatorio de que cada nuevo comienzo merece su propio sabor.
EN PANNA, COMENZAMOS EL AÑO CONTIGO
En PANNA, también celebramos el Día de Reyes con ese espíritu de inicio y gratitud.
Creemos que no hay mejor forma de empezar el año que compartiendo lo que más nos une: la comida hecha con amor. Por eso, este seis de enero, nuestras mesas seguirán llenas de los sabores que definen nuestra esencia: empanadas recién hechas, pan dulce artesanal, café venezolano y los postres tradicionales que nunca fallan.
Porque los Reyes no solo traen regalos, traen propósito.
Y en PANNA, ese propósito sigue siendo el mismo: ofrecerte cada día lo mejor de nuestra cocina venezolana, con el sabor auténtico de siempre y la alegría de un nuevo año que apenas comienza.